La Nava

La Nava
La Nava como su nombre indica está situada entre montañas, por un lado, La piedra de la Huerta , y por otro El Risco y allá al fondo, Piedra Amarilla, Buitrera, Castillo y Caldereta.

Sus orígenes

En sus orígenes (no muy lejanos) se formó de un colmenero, un hortelano y un cabrero que vivían en un lugar idóneo para sus respectivos oficios donde por lo adecuado del terreno, el colmenero tenía sus colmenas al socuello de las sierras donde había flores abundantes para la elaboración de la miel y por otro lado, el hortelano tenia fácil su trabajo, disponía de excelente tierra y abundante agua que fluía de las sierras par regar sus plantas y el cabrero sólo tenía que sacar sus cabras a pastar a la sierra donde había abundante comida.

Nacimientos

Así empezaron a tener hijos que fueron uniéndose entre ellos y se fue formando el pueblo, buscando también sus parejas en los pueblos cercanos como: Benquerencia, Castuera, El Puerto, Monterrubio, Cabeza del Buey y sobre todo de Helechal, donde las familias están tan mezcladas, que casi todos somos parientes más o menos cercanos.
Cuando nacía algún niño se inscribía en Benquerencia, distante nueve Km. y el medio de transporte era en caballería o andando, así que algunas familias les daban el recado a alguien si iban o venían de que lo inscribiese y a muchos de ellos le ponían el santo del día, que luego la madrina al bautizarlo, le ponía el nombre que ella quería, y así era conocido. Él sabia su nombre para efectos legales, cuando hacía la mili.

Las personas que morían eran enterradas en Helechal.
Para todo se dependía de otros pueblos.


Ternura

La escuela

Según recuerdan los mayores, la escuela la daban en casa de Sampedra, una hermana suya. Más tarde se hizo un local en el patio de "mana" Engracia y ya venían maestras que se adaptaban a las precarias condiciones que tenía el pueblo.

El médico y sacerdote

El médico venía una o dos veces por semana a visitar a los enfermos en sus domicilios. Las familias tenían una iguala mensual con él.
Al que más recuerdo es a D. José Pinilla, era cojo y venía en vespa.


El sacerdote era compartido con Helechal, donde vivía, y cuando por motivos políticos o de otra índole se marchó, La Nava que no tenía culpa alguna, se quedó sin misa, solo venían a los entierros, casamientos y algunas misas de difuntos, y en esa larga temporada, nos sentimos discriminados.
De ahí, la reacción de algunos niños contra el sacerdote al pasar por La Nava.

D. Rafael

Un sacerdote al que yo recuerdo con mucho aprecio, era D. Rafael, venía a decir misa todos los domingos y festivos, andando, hiciese frío o calor, nos visitaba en la escuela y nos decía, que el coro de niñas que cantábamos la misa, teníamos unas voces tan bonitas que su mayor complacencia era oírnos cantar la Salve finalizada la misa, para él bajar la cuesta despacio oyendo nuestras voces de fondo, pues le parecía oír un coro de ángeles.
Le gustaba nuestra forma sencilla y peculiar de expresarnos sobre todo cuando se le insistía en la comida diciendo: "coja uste otra presa D. Rafae que no ha comio uste na".
Era muy querido.

PRIMERA MISA DEL GALLO

La primera misa del gallo que yo recuerdo, llegó el sacerdote acompañado por chicas de Helechal, y nuestra sorpresa fue grande al decir que las chicas que venían con él cantarían la misa. El coro de La Nava entre las cuales me encontraba, había estado preparando esa misa durante meses con un extenso repertorio de villancicos que Dña Josefina, la maestra, nos había enseñado.
Ante aquellas palabras, decidimos guardar las panderetas y demás instrumentos que con tanta ilusión habíamos preparado.
Las chicas mayores que nosotras (las mozas) nos dijeron: "cantar vosotras que ésta es nuestra iglesia".
Y así lo hicimos.

Agradecimiento

A aquellas chicas que vinieron a cantar, quiero desde aquí agradecer el gesto que tuvieron de aceptar la invitación de aquel sacerdote para amenizarnos la misa.
Vinieron en un camión en una noche muy fría.
Por todo ello gracias.

MISAS GREGORIANAS

Recuerdo aquellas misas Gregorianas que cantábamos en latín por feria, el Kyrie, el Credo in Deum, el Agnus Deis, nos llevábamos meses ensayando todas las tardes, y el mes de Mayo aprendiendo esos versos tan bonitos que luego ofrecíamos junto a un ramo de flores a la Virgen

Uno de ellos:

¡Oh! Virgen María
que a los pies tienes la luna
todas las niñas te quieren
pero como yo ninguna.
Todas las niñas te traen:
rosas lirios y claveles,
yo te traigo un pensamiento
para que al cielo me lleves .
Tú no me quieres llevar,
dices que soy revoltosa,
pero vengo a que me enseñes
muchas y bonitas cosas.

Podría seguir escribiendo de otros muchos sacerdotes que han sido y son muy queridos en La Nava. De todos los que yo he conocido y han sido muchos los que por allí han pasado, solo recuerdo tres con un comportamiento poco pastoral.

Condescendientes

En La Nava sus gentes siempre han sido muy pacíficas y condescendientes, de otra manera no comprendo como algunos alcaldes consentían que maestras que tenían la plaza en propiedad no viniesen a dar clase.
En cierta ocasión, Dña Juana, (oriunda de Don Benito) vino a decirle al alcalde que ese año no vendría por motivos personales, (ya había faltado antes) al enterarse las madres que estaba en casa del alcalde (Joaquin) fueron para allá y le dijeron que si ella no podía venir que mandase otra en su lugar.
Vino Dña. Josefina, y al marcharse para perparar oposiciones me dejó de maestra.
Yo tenía trece años y estuve dando clase dos meses.
Sin remuneración alguna (claro).


Reflexión

Hoy me pregunto: ¿Cómo podían consentir eso?
Cincuenta niñas en poder de otra niña que aunque supiese un poco más, no tenia los concimientos suficientes.
¡Increíible pero cierto!

Dña Josefina era sobrina de Consuelo de la Habanera de Helechal y vivía allí con sus tíos; venía por la mañana en el Coche Correo y se marchaba a las dos en el mismo. Por la tarde no había escuela. Al aprobar las oposiciones, se marchó y vino una amiga suya de Ciudad Real, (Dña Manolita) estuvo un tiempo viviendo en La Nava y al hacerse novia de Vicentillo de Helechal, (con el que se casó) se marchó a vivir allí, vivía en casa de Soledad, y siguió la misma táctica que su antecesora.
También me quedé por ella varias veces dando clase.

Por fin, vino Dña Juana Carmona a dar clase.
Se casó con Germán de Chamizo.

Afortunadamente las siguientes maestras que yo he conocido, han vivido en La Nava y cuando se marchaban lo hacían llorando, pues dejaban grandes amigas.

He de decir que mi maestra favorita fue Dña. Josefina.
La recuerdo con un gran afecto.

Contienda civil e iglesia

Según me han contado, durante la contienda civil, la iglesia fue quemada y la titular era la Virgen del Risco.
En el año 1943 fue recostruida y no tenía campana, se la habían llevado a otro pueblo del municipio, y como tantas veces que se llevaban algo, nadie protestó.
Quintín, el herrero, hizo una especie de gong que clavaron en la pared. Se golpeaba y hacía de campana.

El sacerdote D. Jerónimo decidió que el titular fuese el Corazón de Jesús, al que todo el pueblo venera.

El día uno de abril de 1948, en el entierro de mi tío Tomás se estrenó la campana actual.

Volvamos a la escuela

En los años que nos tuvieron sin sacerdote, estuvo allí la escuela de niñas, se habían separado los niños de las niñas, (hasta entonces habían estado juntos) siendo Dña Delia la maestra.

Anteriormente estuvo Dña Antonia Mateo Escobar, fue mi primera maestra. Con ella hice la primera comunión

Recuerdo que por aquella fecha teníamos una sanción si se vertía el tintero, quince céntimos y fregar la mesa.
Los tinteros eran de cristal y las plumas de metal, solían abrirse si se caían, y ya no escribían bien; tardaba mucho en secar la tinta, y usábamos unas hojas de papel secante o tiza.


Los premios

Teníamos premios todos los meses por saber las lecciones de memoria: Una pluma, una goma de borrar, estampas de santos, etc.
Aún recuerdo los doce nombres de los hijos de Jacob, y buena parte del catecismo, que se cantaba por la tarde a la vez que se hacían los trabajos manuales como: Bordados, alforzas, ojales, vainicas, etc.

A la escuela en invierno llevábamos un brasero hecho con una lata redonda y por asa un alambre largo y se le daba vueltas para encenderlo.
En la escuela nos daban mantequilla y leche en polvo.
A mi no me gustaba la leche acostumbrada a tomar la de cabra.

El rayo

En la primavera de 1973, hubo una gran tormenta y un rayo entró por el campanario destruyendo toda la bóveda.
El Corazón de Jesús, la Inmaculada, y San José quedaron intactos.
Parecía un milagro.

Nos planteamos si se reconstruía otra vez o se hacía una nueva en otra zona más llana, se optó por seguir con nuestra tradición, dejarla donde siempre había estado.

El cementerio

El cementerio es propiedad de los vecinos. Lo hizo el pueblo, siendo alcalde "mano" Juan Luis.
Lo estrenó mi tía Francisca que murió muy joven.
Tenían por costumbre cuando moría alguien, rezar el rosario durante tres días, en casa del difunto; lo llamaban "el Rezo" y la "Rezaora" era Antonia de Amador.

El Navazo

En la fuente del Navazo, siempre hemos tenido mucha agua y muy buena, había dos caños echando agua día y noche, en invierno calentita y en verano como de una nevera.
Había un pilar, siempre lleno de agua, una charca grande y una pila de cantería para lavar, y las personas que no tenían pozo iban a lavar allí, todo alrededor de la charca estaba lleno de grama y era estupendo para tender la ropa a "oreo"
En la charca había muchas ranas, que las niñas más atrevidas las cogían para jugar, después las soltaban, nadie las comía. Aunque dicen que son un bocado exquisito.

En mi calle hay un alcornoque, siempre lo he conocido allí, y cuando querías insultar a alguien, se decia:
"Tienes más corcha que el alcornoque de la Fina".

La luz

En la década de los años 50 llegó la luz a La Nava de la mano de José del Maquinista a cambio de unos votos, todo el pueblo lo votó excepto "don" Emilio que no tenía buena relación con él.
La luz sólo se encendia desde la puesta de sol hasta las doce de la noche que se apagaba, daban un aviso con un pequeño apagón y a los diez minutos se apagaba hasta las seis de la mañana que volvían a ncenderla un par de horas para los preparativos del trabajo como: echarle de comer a las bestias, hacer las migas...
El encargado de todo esto era Benito.
¡Ah! cuando daban el aviso todos se apresuraban para acostarse.
Se compraron los primeros aparatos de radio.
Este de la fotografía es uno de ellos.

Establecimientos

Habia una panaderia, dos tiendas de comestibles, un comercio de telas, uno o dos casinos y baile en el salón de la Ignacia los domingos y festivos. Algunas temporadas tocoba el Nene la pianola y José del Portugués el yamba. Los músicos para dar el descanso solían tocar: Señora Ignacia saque usted la jarra, señora Ignacia saque usted el jarrón...y lo repetían muchas veces. Casi todos los hombres entraban en una habitación llamada "La Tasca", contigua al salón, a beber o charlar, incluidos los músicos, las mujeres esperaban sentadas en el salón hasta que se reanudaba la música. Otras veces el baile era en el salón del Casinero o la pista de Mariano, con orquesta, y por feria en los dos sitios. Mariano, algunas veces, traía una "animadora" para que bailase; había competencia entre los dos bailes.

También habia una barberia, la del "Cojo"de la Marta, donde iban a cortarse el pelo y afeitarse.
Las tiendas no tenían horario de apertura ni de cierre.

Al casino sólo iban los hombres por la tarde- noche a jugar una partida de cartas o tomarse unos chatos de vino.
Tenía pintado en la pared un eslogan que decía:


Si quieres conservarte

fuerte y sano,

bebe vino y come tapas

en el bar de Mariano




Hornos de tejas

Recuerdo en los meses de abril y mayo que hacían suero en casa de Carmen Dolores y Cachorra y casi todos lo comprábamos, estaba buenísimo, también en primavera y verano mataban chivos y borregos para venderlos, (el Gordo y Luis Pajita) hacían paticallo y morcilla de lustre, no he vuelto a comerlo tan bueno como aquel.

Otra cosa que recuerdo eran los hornos de tejas.
El de la Niña y el de Carroza, (mi suegro) se llevaban toda la primavera y el verano trabajando; el día que cocían las tejas y ladrillos, se asaban tomates y pimientos en el horno.

Solidaridad

Las gentes eran muy solidarias, recuerdo algún incendio y al tocar la campana a fuego, todos dejaban sus quehaceres y se volcaban ayudando.

Había muchas personas mayores que no sabían leer ni escribir, mi vecina Amalia, venía a mi casa a que le leyese las cartas que recibía de sus familiares y se las escribiese. Una vez terminada, el trozo de papel que quedaba en blanco, ella lo llenaba de cruces y redondeles, eran los abrazos y besos.
Así expresaba todo el amor que sentía por los suyos.
Recibía paquetes, y si el cartero olvidaba traer la tinta para mancharse el dedo y firmar con la huella dactilar tenía que buscar a alguien que le firmase.
Al final la enseñe a escribir su nombre y apellidos y ya no necesitaba de nadie para recoger sus paquetes.

La primera televisión

Por el año 1962 llegó la primera televisión.

Jacinto el "Guardilla", instaló una en su casa y cobraba una o dos pesetas, creo recordar, por entrar a verla, fue tanta la aceptación, que hubo de ampliar la sala, ya que la que tenía se quedó pequeña.
Allí vio casi todo el pueblo la cogida tan grave de Manuel Benítez el Cordobés

El teléfono

El teléfono llegó a La Nava por los años 1968, estaba en casa de Zoraida, que tenía comercio de telas y era la encargada de avisar cuando se recibía alguna llamada, y también se llamaba desde allí.

Modos de vida

La vida en el pueblo transcurría sin grandes acontecimientos, el medio de vida era la agricultura.
Había dos cabreros que recogían las cabras por la mañana llevándolas a pastar a la sierra y por la noche se recogían.
Se le pagaba una cuota mensual.
Casi todos teníamos cabra.
En la mayoría de las casas se cebaban cerdos para hacer la matanza y había un refrán que decia:

Por San Andrés mata tu res, gorda, flaca, o como esté.

Solían venir teatros y se quedaban dos o tres días.
Recuerdo a Merceditas una niña de nueve o diez años que los días que estaban allí venía con nosotras a la escuela.
Estos venían con bastante frecuencia y hacían unas representaciones magníficas.


También venía cine mudo, el encargado de darle a la manivela iba narrando la película y haciendo los efectos especiales, lo hacían con bastante destreza y muy bien coordinado.
Se hacían en uno de los dos salones, (Ignacia o Casinero) y había que llevar la silla.

También nos visitaban los gitanos con sus recuas de burros, solían acampar en El Navazo.


Otros que también nos visitaban eran los húngaros con sus carromatos, traían: monos, gorilas, osos... Salían por las calles tocando el pandero y todos los niños/as íbamos tras ellos como un gran acontecimiento.

También venían romanceros cantando canciones, que después comprábamos para aprenderlas y cantarlas mientras se hacían los trabajos de la casa.


En el otoño empezaban a llegar mendigos pidiendo, algunos tenían una forma muy peculiar de hacerlo, cantaban en la puerta una canción que decía:

Si usted me da una limosna, le canto con alegría las penas de San José y de la Virgen María.

Al darle la limosna decían: Dios se lo pague.
Algunos días venían ocho o diez y si a alguno no se le daba nada se decía: "Perdone uste por Dio"

Venían lateros que arreglaban los paraguas, le ponían lañas a los baños y piezas a los pucheros de porcelana.
Algunas familias se quedaban todo el invierno en el tinao de Floro.


José Tarquines y Eusebio

José Tarquines era de Helechal y todos los días sin excepción venía a pedir, con una cesta de tapaderas colgada en el brazo y siempre decía lo mismo: "hoy no hay na", siempre se le daba algo, un pedazo de pan, un poco de aceite, un trozo de morcilla, una granada...
Recuerdo que mi madre en invierno le decía que se sentase a la lumbre para calentarse, y él rara vez lo hacía.

Eusebio era el pregonero y también era de Helechal. Aún recuerdo algunos pregones.


"Para esta noche,
se repite,
la función de cine,
mayore,
dos peseta,
niños y sordao,
una cincuenta"

Y otro:

"De parte del señor "arcarde"
se hace "sabé":
Que los "día" uno y "do",
estarán al cobro
los "recibo" de la Hermanda"

¡Ah! se me olvidaba el de los helados, que venía andando desde Helechal y con aquella cuba que debía pesar bastante y decía: "Al rico helado"

¡Que buenos estaban aquellos helados artesanos!

A los niños/as nos alegraba la tarde y también mano Juan el de los "tostaos" que los cambiaba por otros sin tostar.


Conclusión

Estas líneas que he dedicado a nuestras queridas gentes y pueblos, son retazos de nuestra historia, pequeñas anécdotas vividas en unos tiempos difíciles donde había muchas carencias, pero aún así, lo pasábamos bien y éramos felices.

A mí me llenan de nostálgicos recuerdos al volver a revivir parte de ellos, al ver como van quedando atrás pedacitos del corazón que han formado parte de mi paso por esta vida y de lo que sólo son ya, vivencias.

Adelaida Hidalgo

Bieldos, pala, rastrillo, cestas, grillos, peso de balanza, romana

Bieldos, pala, rastrillo, cestas, grillos, peso de balanza, romana

Cántara

Cántara
Para transportar el aceite

Panera

Panera

Mecedora

Mecedora

Soga

Soga

tinajas

tinajas

Caldera

Caldera
Para calentar agua y cocer patatas en la matanza

Máquina de coser

Máquina de coser

Cama de forja

Cama de forja

Baul

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